sábado, 29 de febrero de 2020

EL ORIGEN DEL CRISTIANISMO Y LA CRÍTICA DE LAS FUENTES HISTÓRICAS

ERNESTO GUEVARA FLORES, Historiador y docente, Universidad Nacional Federico Villarreal
Correo-e: eguevaraf@hotmail.com


El cristianismo surgió originariamente en los grupos sociales inferiores, las poblaciones con vida laboral extrema, los hombres libres arruinados a punto de ser esclavizados, los artesanos y los esclavos. Más tarde llegaría a ser el movimiento religioso que incluiría a todos aquellos que se consideran seguidores de las enseñanzas de Jesucristo.
Esto grupos, reducidos a la miseria por el Imperio romano, buscaron en los siglos II y I a.c. varias salidas a su condición, como las insurrecciones violentas que fracasaron debido a que toda resistencia al poder romano carecía de posibilidades. Por esto, en los grupos sociales inferiores nació y se extendió la esperanza en la llegada de un ''salvador celestial'' que acabara con los males y penas de la Tierra.
Los documentos arqueológicos muestran que donde se manifestó con mayor fuerza esta esperanza fue en Judea, región palestina harta de sufrimientos, así como en las colonias judías de Asia Menor donde particularmente en el siglo I se esperaba la salvación milagrosa de un Mesías ''rey de los judíos'', enviado de Dios. Tanto el hebreo mashiaj como el griego christôs significan ungido. Figura en el Antiguo Testamento como la persona llamada por Dios a una misión de alcance universal (David es llamado Cristo en el Antiguo Testamento). La población nativa de esta zona se dedicó también permanentemente a sus dioses menores o a sus cultos redentores, muy extendidos. Revisando estos cultos encontramos importantes antecedentes del cristianismo.
Un culto oficial judaico era el hecho a Hermes Trismegisto [tres veces grande], antiguo dios griego de la ganadería y agricultura, del que se decía ''salvaría a sus fieles''; otro culto popular era el del antiguo dios agrícola frigio Sabazio, idéntico al Dionisio griego y que era visto como un salvador; al mismo tiempo, las provincias orientales romanas estaban llenas de supuestos prophêté [anunciadores del futuro por inspiración divina] que fundaban sectas prediciendo a un ''salvador''. Una de estas sectas judaicas fue el embrión del cristianismo primitivo.
Entre otros elementos que influyeron en el cristianismo se hallan el Antiguo Testamento, con énfasis en el mesianismo de otras sectas; las religiones mistéricas como el culto a Mitra y la diosa-madre; el platonismo y la moral estoica. Todo esto más tarde se sintetizaría en un cuerpo doctrinal de carácter propio y no sincrético, en el que tendrían particular relieve dos elementos: la universalidad, y la interiorización (el ser como responsable de su salvación).
El documento literario cristiano más antiguo es el Apocalipsis de Juan, del 68-59 d.C. hecho por un Juan de la isla de Patmos, uno de los profetas de la venida del Mesías. Juan se dirige a las siete ekklesías [comunidades] de Asia Menor que esperan la llegada de Cristo pero llamándolos aún judíos y todavía no cristianos.
Aquí Juan cuenta visiones reveladas del ''fin del mundo'' próximo y del ''juicio final'' que haría Cristo ''el cordero de Dios'' al mundo pecador y sobre todo a la ciudad de Babilonia, una gran prostituta (Roma) sentada sobre un animal de siete cabezas (los emperadores) que le hace la guerra a los ''santos'', es decir los creyentes; Cristo al frente de un ejército de justos, precipita al animal y sus secuaces en la hoguera de la gehena [castigo] creando luego un nuevo cielo y una nueva Tierra, construyendo la nueva Jerusalén, y resucitando los justos a la vida eterna en un reinado bienaventurado de Cristo sin fin.
El Apocalipsis es el libro de lenguaje más oscuro y esotérico del Nuevo Testamento, pero por su acento guerrero y apasionado de lucha por la supervivencia religiosa, estaba claramente destinado a reafirmar la fe en el Asia Menor romana en tiempos de persecución, usando recursos de la tradición profética judía. A partir de aquí, este Euanggeliôn ('Buena Nueva' en griego) del próximo advenimiento del Salvador fue extendida por emigrantes, esclavos capturados, peregrinos y sobre todo por apóstolôs ['enviados' en griego, seguidores que difunden y propagandizan la doctrina de Jesús]; siendo favorablemente acogida por esclavos, pobres, afligidos y sobre todo por las mujeres. Todos los sectores no romanos desfavorecidos por la dominación romana, pero también por los estados asiáticos y orientales.
A estas primeras comunidades cristianas se les llama, en términos históricos y sobre todo artísticos, Epoca Paleocristiana. A su vez, estas comunidades, al tener asambleas religiosas, reciben el nombre griego de ekklesias. De aquí se genera el nombre Iglesia, de vital importancia para el cristianismo posterior. Simple grupo judío al inicio, el movimiento adquirió un carácter masivo, primero en las provincias orientales de lengua griega, como Asia Menor y Egipto; y luego en las provincias occidentales romanas de Europa Mediterránea. Para el siglo II d.c. surgió una literatura oral y luego escrita , en hebrero pero sobre todo en griego, de sermones, epístoles [cartas] y ''revelaciones'', obras llenas de leyendas y mitos, que las iglesias intercambiaban.
Del 100 al 130 d.C. se formó y extendió entre los creyentes en Cristo (cristianos, como empezaron a llamarse) el mito de que Cristo, ''rey de los cielos'' había venido ya a la Tierra en la forma de un hombre humilde llamado Jesús de Nazaret (pueblo palestino) sufriendo en persona todos los sufrimientos de los pobres. Sobre esto se compusieron multitud de Evangelios [Buenas Nuevas], cuatro de los cuales, llamados canónicos [del griego kanôn o regla), son los más aceptados: los de Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Los tres primeros son llamados evangelios sinópticos, por la unidad de exposición que permite la comparación simultánea.
Según éstos, Jesús nació en tiempos de Augusto en la familia del carpintero galileo-palestino José de Nazaret, de la esposa de dicho carpintero, María, virgen al no consumarse aún el matrimonio y por esto llamada ''Virgen, y concebida por el Espíritu Santo''. Jesús vivió oscuramente 30 años, luego profetizando, curando y resucitando por la palabra, y reuniendo muchedumbres de pobres a las que predicaba humildad; los sacerdotes judíos de Jerusalén y las autoridades romanas de ocupación lo consideraron rebelde y el sanedrín lo condenó a la crucifixión, sentencia confirmada por el procurador romano de Judea, Poncio Pilatos.
Jesús fue crucificado, resucitó al tercer día y fue por tanto el primer hombre que venció a la muerte. Subió al cielo y prometió volver a la Tierra para juzgar a vivos y muertos y establecer su reinado eterno. Esta tradición evangélica es un mito religioso, ya que hay fuertes elementos de la mitología común de la época, pero sobre todo porque las fuentes históricas de esos tiempos no contienen una sola mención de Jesús de Nazaret.
Ni el más grande historiador romano Cornelio Tácito en sus Anales y en Historias (que cubren del 55 al 120 dc en 16 libros), ni en Vidas Paralelas del griego Plutarco o el romano Suetonio en Vidas de los Doce Césares ; ni en la Historia romana del asiático Apiano (24 libros), que escribe en griego a mediados del siglo III. La Historia Romana (80 libros) del griego Dión Casio tampoco contiene datos al respecto. Todos ellos narraron la historia de la expansión romana en Asia Menor, incluida Judea y Palestina.
Hay registros en cambio, en los autores paleocristianos, de que las ekklesias primitivas ya mencionadas estaban organizadas en comunidades de ayuda mutua, con miembros viviendo en campamentos esperando el ''fin del mundo'', y dirigidos por presbíter [sacerdotes ancianos] ayudados por diáconos. Además de que el más pobre de los hombres libres o un esclavo podía ser sacerdote, estos paleo-cristianos desconfiaban de los romanos ricos, no siendo admitidos en la Iglesia más que a condición de distribuir voluntariamente sus bienes entre los pobres. Es a los romanos ricos y a los gobernantes orientales a los que se les aplicó la sentencia ''es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos''. entre esos cronistas romanos cristianos están Eusebio de Cesárea, sabio de la Iglesia, que en el siglo III dc escribió la primera Historia eclesiástica universal, usando diversas tradiciones cristianas y las obras de los escritores de la Iglesia, y los archivos del Estado gracias a su amistad con el emperador Constantino. Su obra contiene datos de historia civil durante todo el siglo III d.c.
En el siglo V dc el sacerdote Paulo Orosio escribió su Historia Universal desde Adán hasta el año 410 dC, (Historia en siete libros contra los paganos) alabando el reino de Dios cristiano como oposición al paganismo previo. En estas obras, hechas con espíritu cristiano, se habla del Hijo de Dios, de las comunidades cristianas y del Apocalipsis, de la fe cristiana y del evangelio; pero en relación al mundo romano, y sin mencionar a Jesús como el Cristo referido arriba.
Se demuestra más bien que en sus orígenes los cristianos celebraban asambleas secretas reducidas: En los pueblos las hicieron en cementerios, en Roma en sus necrópolis subterráneas llamadas catacumbum, y en ciudades menores las hicieron en las criptas de entierro de los cristianos muertos; como hacían desde tiempo antes los artesanos humildes de los collegia tenuiorum [gremios]. En sus sepulturas representaban con cincel toscos símbolos de sus esperanzas: el cordero, el buen pastor, la viña o el pez. El pez se hizo conocido porque pez en griego es IXORZ, palabra cuyas letras forman el monograma ''Jesucristo hijo de Dios y Salvador''. En estas asambleas se leían epístolas y Evangelios, y algunos asistentes entraban en éxtasis (carisma en griego, descendimiento del Espíritu Santo) clamaban palabras edificantes y profecías. Los nuevos cristianos eran admitidos luego de que el agua del ''bautismo'' les lavara todos sus anteriores pecados.
Desde sus orígenes la religión del cristianismo enseñaba resignación, apartando a numerosa población pobre de la sociedad romana (es decir la totalidad del Imperio) de formas concretas de participación contra el dominio romano. La historia posterior del cristianismo muestra que dejó de ser una religión de los pueblos asiáticos dominados por Roma, de esclavos y empobrecidos, convirtiéndose en una religión como las demás instrumento de influencia dominante. Al no llegar Cristo, las esperanzas mesiánicas se debilitaron y esto generó un fenómeno histórico fundamental: el cambio de la composición social de las iglesias. Los ricos y poderosos romanos y asiáticos empezaron a hacerse cristianos, colmando las comunidades con donativos e incluso convirtiéndose en santos patronos de iglesias cristianas enteras. Es el caso de la gran familia patricia de los Metelo, o Marcia la cortesana del emperador Cómodo.
Esta evolución se acentuó el el siglo II e inicios del III, sufriendo las iglesias cristianas una transformación profunda. Algunas se convirtieron en propietarias de herencias, casas de alquiler, tesoros y dinero; y ser sacerdote se volvió una profesión. La obra Sobre la muerte de Peregrino de Luciano de Samosata (escritor sofista griego del siglo II de fina ironía, autor de obras satíricas) muestra a aventureros y ladrones haciéndose nombrar para el cargo de sacerdote y explotando la credulidad de las gentes sencillas. En los sermones se oyó la nueva idea de que los esclavos debían ser sumisos porque todo poder emana de Dios. El nuevo tipo de dignatario, el obispos [prelado con poder para gobernar una iglesia] vigilaba las metrópolis [cabeceras de región] en obispados que se convirtieron en residencia de esta suprema autoridad religiosa.
En adelante, sin la ordenatium [imposición de manos] de los obispos, los kleregiê [servidores del culto elegidos por las iglesias, que ha recibido órdenes sagradas] no podían desempeñar su ministerio ni bautizar. Al comenzar a disfrutar de una autoridad especial, los obispos de Alejandría, Antioquía y Roma iniciaron la multiplicación de complicados ritos cristianos, tomados de otras religiones.
El bautismo y la comunión se convirtieron en ''misterios'' iguales a los de los adoradores de Cibeles y Adonis. El culto mitríaco dio la base de la leyenda del nacimiento de Cristo en una cueva. La vulgarización de las doctrinas paleocristianas y en particular de Séneca (el padrino del cristianismo) estableció un sistema ético cristiano basado en la humildad y la paciencia. Filón el Hebreo, escritos egipcio del siglo I, llamado ''el padre del cristianismo'' realizó el sincretismo del judaísmo con la filosofía griega, inspirando el siglo II la doctrina cristiana del logos [el 'verbo'] y sobre todo la de los ággelos [en griego mensajeros]. Los ángeles eran considerados espíritus celestiales en varias religiones, creados por la divinidad para su servicio y para mediar con los mortales. Es un claro ángel el Shedu babilónico, el Amesha zoroastrista, el Hermes griego, y los de los antiguos textos hebreos. El cristianismo retomó esta figura.
En el siglo III los obispos empezaron a reunirse en sínodoi [asambleas y reuniones de sacerdotes bajo presidencia obispal, sin carácter conciliar] para decidir qué proposiciones y doctrinas serían obligatorias y cuáles se condenaban. De la abundante literatura paleocristiana sólo se reconocieron como canónicos los cuatro Evangelios citados, Los Hechos de los Apóstoles, las 21 epístolas y El Apocalipsis de Juan. Todos los demás escritos fueron considerados apócrifos y se prohibió servirse de ellos. Toda desviación de la ''verdadera doctrina'' (ortodoxia) fue declarada herejía [error pernicioso] mereciendo el castigo de la separación de la comunidad de fieles e incluso el anatema (maldición).
Esta actividad obispal y sinodal tuvo como resultado el aislamiento, la crisis y desaparición de las comunidades cristianas en asamblea, las ekklesias, dando lugar a la poderosa organización de la Iglesia oficial, conjunto jerarquizado de los fieles y el clero de la religión cristiana.

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